Utilizamos cookies propias y de terceros para personalizar su navegación. Si continúa navegando acepta su uso. Leer más.

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close


El pasado 11 de enero estuve en el Ecocentro de Madrid, donde Federico Mayor Zaragoza y María Novo presentaban un libro de poesía que han escrito conjuntamente:  Donde no habite el miedo, publicado en Ediciones Litoral. Fue una velada íntima, entrañable, llena de futuro.

Creo que es una noticia extraordinaria. Con tanta crisis y de tanta indignación, se nos estaba secando la palabra. Pero éste es un libro en el que la palabra cobra de nuevo vida, gracias a la poesía. Hemos denunciado mucho en los últimos años, pero muchas veces nuestros gritos solo han generado fustración y desánimo. Donde no habite el miedo es un mensaje de amor, de esperanza, de confianza y de coraje, y es precisamente ese amor y esa confianza en el ser humano los que dan a la palabra su fuerza transformadora. La poesía es el arte más elevado del ser humano, y parecía que, con los problemas económicos que tenemos, ya nadie estaba interesado por ella. No nos damos cuenta de que sufrimos de anemia espiritual, y de eso también se muere. Sin poesía, sin arte, se puede sobrevivir, pero no es una vida auténticamente humana.

Los autores hablaron de construir una “movimiento de resistencia” que vuelva a situar la vida, la verdadera vida, en el centro de nuestras sociedades, y de abrazar el compromiso que moviliza las utopías y da sentido a la vida. (La utopía es una verdad prematura, Alphonse de Lamartine).

Quiero compartir con vosotros uno de los poemas del libro:

Que el miedo
no paralice tu fuerza
inmensa, instintiva,
de crear, de rebelarte,
de transitar por nuevos puentes
y de llenar de palabras de paz
los himnos de guerra.

 Llenar de manos tendidas
toda la Tierra
para que, aislados,
bajen al fin sus alzados brazos,
amenazantes,
los que quieren seguir mandando
por la fuerza.

Liberados del miedo…
para alzar el vuelo.

Federico Mayor Zaragoza