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¿Para quién trabaja el dinero?

Publicado en el diario El Punt Avui dentro de la serie de artículos El sueño de…, con motivo del 50º aniversario del “Tengo un sueño” de Martin Luther King.

Dinero y conciencia

“En 30 años de trabajo en una caja nadie me preguntó: ¿Qué vais a hacer con mi dinero?”

Resulta curiosa mi vinculación con el dinero. De cuando aún no contaba cuatro años, tengo la imagen de estar sentado en el balcón de casa. Había cogido una carpeta en la que mis padres clasificaban el poco dinero que tenían, para afrontar los gastos mensuales, y yo iba sacándolo y lo tiraba por el balcón. Descubrí la volatilidad del dinero ya a esa tierna edad.

Un segundo recuerdo son los cuentos que me explicaba mi abuela Isabel, con la lección de que, con un poco de buena voluntad y de interés por los demás, todos los problemas se pueden resolver.

Un tercer recuerdo es ya de cuando tenía dieciocho años: un día que fui a una caja y dije: “la última cosa que haría en mi vida sería trabajar en una caja de ahorros”. Pues me lo tuve que tragar, porque he pasado treinta años de mi vida en una caja, y ahora llevo más de siete en Triodos Bank, lo que se conoce como banca ética.

Ya llevaba unos veinte años trabajando en banca convencional cuando Marlis, una buena amiga alemana, me explicó que en su ciudad había un banco llamado GLS que era considerado como banca ética. Me dijo que yo, con mis ideales, tenía que abrir una banca ética en Cataluña, y que con seguridad lo conseguiría. La escuchaba, pero me costaba creer que aquello pudiese hacerse realidad.


Fue pocos años más tarde, en 2000, cuando un día un amigo querido que hoy ya no está, Àlvaro Altés, también me dijo que tenía que cambiar de trabajo y hacer algo que se adaptase mejor a mi forma de ser. Un día entró en mi oficina emocionado: “Ahora sí, Joan, ahora sí, esto no puedes dejarlo pasar. Se va a celebrar en Cataluña el Primer Congreso Mundial de Banca Ética. Tienes que ir”. Fue la primera vez que me sentí tocado de verdad por esta cuestión y comencé a tener un sueño.

Así es como contacté con la gente de FETS, en especial con Arcadi Oliveres, y comenzamos a trabajar para dar a conocer la posibilidad de una banca ética y a “picar piedra”.

Fue al cabo de seis años cuando me llegó la propuesta de abrir la primera oficina de banca ética en Cataluña (y en España). Fue mi amigo Esteban Barroso, Director General de Triodos Bank, quien me dijo: “¿No te das cuenta de que esto te toca hacerlo a ti?”.

Esta pregunta no me dejaba dormir, porque tengo que confesar que ya esperaba una cómoda prejubilación, y quería colaborar con la banca ética como voluntario. Por fin, vi que estaba rehuyendo el reto y que me estaba escondiendo ante el compromiso auténtico que se me pedía. Así decidí comprometerme con todas mis fuerzas y todas mis capacidades, no solo para desarrollar Triodos Bank aquí, sino para conseguir cambiar el modelo económico y financiero de siempre, basado en la codicia y la lucha competitiva.

Incluso las gente más honesta, de buen corazón y generosa, ha caído en la trampa del dinero. Todo el mundo quiere que el dinero le dé un buen rendimiento, y por mi experiencia puedo decir que, casi siempre, cuanto más dinero se tiene más se quiere tener. Se pretende que el dinero produzca dinero, pero nunca se ha pensado en la manera en como se produce. Y nos hemos dejado seducir por anuncios de tipos de interés, por regalos inútiles o por sorteos que nunca nos tocarán. En treinta años de trabajo en una caja nadie me preguntó: ¿Qué vais a hacer con mi dinero? Es una pregunta importante y, si la hubiésemos hecho nuestra, hoy no estaríamos viviendo la crisis que vivimos. Es urgente e inaplazable una toma de conciencia sobre el uso del dinero si realmente queremos provocar una transformación social y tener un mundo más justo. No puede ser que mientras defendemos unos valores y unos ideales, nuestro dinero esté trabajando por todo lo contrario.

No puede pasar por alto que, ahora hace cincuenta años, Martin Luther King también tuvo un sueño. Su sueño se ha realizado; supongo que hoy sería feliz viendo que el presidente de los EEUU es negro. Pero no olvidemos a Rosa Parks, aquella humilde modista de Alabama que se negó a ceder su asiento a un hombre blanco. Ella le dio la fuerza interior para su lucha por los derechos humanos.

Hoy también necesitamos muchos Martin Luther King que lideren una nueva vida política, pero todavía necesitamos a muchos más hombres y mujeres sencillos que tengan el coraje de ser coherentes con sus principios. Estoy convencido de que surgirán y de lo conseguiremos.


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pat villanueva Hace 4 años

Es bonito pero no es sencillo. Claro que más difícil era pensar que un día los EEUU tendría un presidente negro como dice el Sr. Melé. Cambiar criterios es lento. Acaso requiera de unas décadas y nosotros ya no estaremos aquí pero, un largo viaje empieza por un primer paso.

Cristina Angulo Hace 4 años

Yo diría que merece la pena ese paso pero creo que es más que eso.. debemos tomar esa dirección por ética y civismo.

Mabel ruiz Hace 7 meses

Para un sistema violentó