‘Feel tanks’ o la importancia de poner el corazón a pensar

Por muchas ganas que tengamos de llamarles “incapaces”, y otras palabras mucho menos educadas que esta, algunos de los “líderes” que contribuyeron a alimentar la crisis social actual no han tenido nunca ese problema. Han estado entre las personas más preparadas y me atrevería a decir que muchas de ellas, seguramente, eran las que sacaban mejores notas en matemáticas, en ciencias o tenían un mayor control de la gramática… además de la retórica.

Pienso que para progresar de verdad, y no solo trampear los males de los últimos años, tenemos que cambiar la falsa concepción del conocimiento no como instrumento valioso, que lo es, sino como rey de todas las cosas.

Hace unos días comenté una idea en el encuentro anual de empleados de Triodos Bank. Ya sé que los think tanks, esos laboratorios de pensamiento o de ideas, son de lo más seductores y están absolutamente de moda pero, ¿por qué no hablamos de feel tanks? Y si, al final, estamos dejando el corazón y las emociones fuera de la construcción del futuro de los seres humanos. ¿Tiene eso sentido?

Banksy heart - Eva Blue - CC BY 2.0

Obra de Banksy – Imagen: Eva Blue (licencia CC BY 2.0)

Para que una persona o una organización pueda realizarse y expresarse en su máxima potencia tiene que partir de su esencia. Hay que quitar la vista de la pantalla un instante, parar un momento cada día para intentar entender qué nos mueve como personas y cómo nos relacionamos con los demás. Deberíamos concentrarnos de forma consciente en las emociones, darnos cuenta de que no es contradecirse intentar pensar con el corazón.

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Donar es multiplicar el bienestar

Por Ricardo Colmenares, director de la Fundación Triodos

La difícil situación económica de estos últimos años nos ha traído la necesidad, a la vez que la oportunidad, de tomar conciencia sobre lo que hacemos con nuestro propio dinero, tanto como lo que hacen nuestros conciudadanos. Demasiadas veces ha sido en forma de noticias escandalosas en los medios de comunicación. La educación financiera a todos los niveles y edades se muestra así como una asignatura pendiente, pero los conceptos básicos son de sentido común.

La economía son personas, afirmamos en Triodos Bank. Y hasta qué punto las necesidades de las personas de nuestro entorno, que ahora se muestran de forma más descarnada, nos ponen de manifiesto que todo lo que hacemos a diario es posible porque otros nos ayudan, nos facilitan nuestras tareas: los que limpian las calles, los que atienden los sistemas de regulación del tráfico, los que hacen funcionar los medios de comunicación y la energía que consumimos, los que están en los bares y restaurantes donde tomamos café o comemos, los que abren las tiendas donde compramos lo que necesitamos, y un larguísimo, pero que muy largo, etcétera.

Con mi dinero puedo participar en la sociedad mediante mis elecciones de compra, de ahorro y de donación. Problemas acuciantes hoy en día en nuestro entorno como el desempleo, el sobreendeudamiento familiar, empresarial y de los estados, la pobreza energética, la deficiente asistencia sanitaria,  el desconocimiento por falta de educación que afecta a todos los niveles sociales y profesiones y que requiere del coraje de la innovación, por resaltar algunos de los aspectos que tenemos delante todos los días, requieren de nuestra participación como parte integrante que somos de la economía. Para cada caso, habrá que poner en juego una combinación distinta de los 3 tipos de dinero (de consumo, de ahorro y de donación) acorde con las posibilidades de cada uno y la situación concreta a abordar.

bookcrossing

Bookcrossing en Berlín (Imagen de Tutto Green)

La opción más atrevida y de mayor impacto social hoy en día, desde nuestro punto de vista, es la de donar, cada uno desde su realidad. Donar, por ejemplo, como capital semilla para emprendedores innovadores y sensibles a las necesidades de los demás; donar para disminuir endeudamiento de los que se ven obligados a trabajar para devolver el dinero que se les prestó y ahora no pueden hacerlo por cambios en el escenario social y se ven abocados a olvidarse de ofrecernos el buen servicio para el que nacieron y crearon su iniciativa. El exceso de liquidez del que se habla, para el que lo tenga, que se pierde hoy en día en la especulación, tiene su función más sanadora y su oportunidad convirtiéndose en dinero de donación.

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La regla número uno para ser ético

La fiebre de nuestros días por tener un código de conducta es tal que dentro de poco no habrá nadie sin uno. Si se me permite la exageración, hasta el fabricante de las armas más inhumanas y con menos justificación defensiva imaginable tendrá el suyo propio enmarcado en sus salas de reuniones. Con tanta demanda, me imagino que los códigos incluso irán baratos en el mercado y serán cada vez más irresistibles para el comprador. No solo baratos; los escritores se irán superando con tanto trabajo de pulido y las obras serán más y más bonitas, casi dignas de un certamen de poesía.

Ir a lo esencial

¿Nos quedamos solo con la letra o también con la esencia? (imagen de Wikihow, licencia Creative Commons)

Lo que seguirá siendo dudoso es si, aparte de bonitos y baratos, los códigos de conducta también serán buenos. Por aquello que nos dice el sentido común de que estas tres cosas, normalmente, no van juntas.

Hace algún tiempo, leí un artículo que me hizo reflexionar sobre este tema y que hoy me viene a la mente por una información sobre Triodos Bank que he visto por televisión. Era un texto titulado “Más conductas éticas que códigos utópicos”, en el que el directivo empresarial Javier Cantera defendía que “los códigos éticos son un proceso tranquilizador de las conciencias, muy bonitos y expresivos en su literalidad”. Pero que “las conductas éticas no necesitan de un código deontológico pactado y redactado mirando a la galería (…) Creo más en el directivo que asume la ética de la empresa desde su ética personal”, remataba.

Casi sobra decir lo mucho que coincido con esta visión tan sensata, pero quiero ir más allá. El pasado fin de semana me alegró ver cómo un informativo que siguen muchas personas, como es el del canal La Sexta, dedicaba una noticia al aumento de clientes de banca ética en los últimos años, destacando que Triodos Bank ha conseguido ofrecer todos los servicios de un banco habitual desde una perspectiva más humana. Al final de la pieza informativa, el economista Julio Rodríguez señalaba, sin embargo, la necesidad de “mostrar más controles externos” por parte de las entidades de banca ética.

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Es mejor empezar por el final

Un viaje de mil millas empieza siempre por un primer paso, dijo hace más de veinte siglos el filósofo Lao Tsé; y no seré yo quien, ahora, le contradiga. Pasar del dicho al hecho, iniciar camino, es lo que tantas veces les falta a nuestros proyectos personales para que sean algo más que ideas o sueños.

Sin embargo, es seguro que cualquier caminante tendrá más fuerzas para emprender su travesía si, antes de empezar, piensa no en el principio sino en el final. En qué es aquello que queremos alcanzar y, sobre todo, por qué es importante para nosotros.

Imagen de Tom Richardson - CC BY SA 3.0

Imagen: Tom Richardson – CC BY SA 3.0

A veces, puede obsesionarnos saber cómo hacer las cosas bien en nuestro trabajo, encontrar ese regalo especial para una persona que queremos, escoger el mejor colegio para nuestros hijos… Hay tantas cosas en el horizonte cercano que es fácil olvidarse de con qué fin las hacemos. Tantas presiones recibimos y nos creamos a nosotros mismos que podemos perder de vista por completo lo que de verdad queremos, incluso actuar contra nosotros mismos y nuestros valores.

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Si la gente entendiese cómo funciona el sistema financiero…

asdsa Yumi Momoi - CC BY 2.0

¿No es hora de ver qué hay detrás del telón? (imagen: Yumi Momoi CC BY 2.0)

“Si la gente entendiese cómo funciona nuestro sistema financiero, creo que habría una revolución antes de mañana”, atribuyen al industrial americano y pionero de la gran industria del automóvil Henry Ford.

Yo me quedo con la primera parte de la frase, “si la gente entendiese”, porque creo que eso es lo fundamental: una mayor conciencia colectiva, que más personas descubran lo que hay detrás del telón.

No puede ser que, con todo lo que ya hemos visto, aún nos dejemos convencer y vencer por juegos de manos comerciales, porque esto no deja de ser una derrota de nuestros principios como personas. Por abrir cuenta o domiciliar la nómina, la cubertería del siglo XXI es una tableta, lo que representa una cierta sofisticación del sistema, o una promesa de X tipos de interés o 0 comisiones, clásicos; pero esto no deja de ser más de lo mismo.

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